Antigüos Tercios

 

Nómadas de los caminos, seguramente formas de entender la vida, heredadas de los árabes, los arrieros pertenecen a ese grupo de personas que continuamente viajan por perdidas sendas, que por más que pase el tiempo y quieran desaparecer, esos peregrinos siempre sabrán donde se encuentran.


En nuestro pueblo, contamos con muchas familias que toda su vida ha transcurrido guiando animales y transportando cargas de todo tipo, de un lugar a otro.


Antes cuando no existían balanzas electrónicas, la romana era la herramienta para saber cuanta carga tenía que transportar la bestia. Para esta labor el arriero con más años, conoce como cargar el tercio, medida antigua donde trabajaba tanto el hombre como el animal. Un tercio puede pesar aproximadamente ochenta kilos que debían contrapesar con la ayuda de la romana, dos arrieros. Después el lomo del animal cargaba dos tercios que portaba la distancia que le separaba del destino.


Nuestros montes conocen a los arrieros y nuestros arrieros conocen los montes. Cargas de leña, corcho, útiles e incluso agua y alimentos, han portado a través de sus sendas, infinidad de veces, encima de su compañero fiel, sea el mulo o el burro.


Hoy en día el trabajo se encuentra mecanizado casi en todas sus facetas, pero todavía cuando llega el verano y la campaña de corchas, comienza, este profesional ya tiene preparado el aparejo, dispuesto si hace falta a cargar el viejo tercio.